Soy mi dolor y mi gozo;
mi tren, mi andén, mi boleto;
mi destino y mi amuleto;
y el paisaje más hermoso.
También soy mi caudaloso
río de lluvias pasajeras;
visto a veces de quimeras
con lunas menguando a solas,
y otras veces rompeolas,
con sus playas y palmeras.
Llevo un drapeado de ocasos
que me pregunta al oído,
si recuerdo lo vivido
o lo apago entre sus brazos.
Mi colección de balazos
recibidos son trofeos
mientras libero a los reos
que juzgué por su apariencia,
mi suela es la indiferencia
con sus vestigios más feos.
Yo era una extraña en mi vida
hasta mirarme al espejo,
declamándole al reflejo
de mi Terri consentida.
Mi hoy es punto de partida
donde compiten los grises,
mi paleta de matices
plena en blancos refractados
despliega hacia sus dos lados
arcoiris tras las crisis.
PD:
Hoy no es preciso volar
a kilómetros de altura,
para aflorar la locura
que se revuelve al viajar.
Escrito por Carmen Teresa Macareño Aisse
(en algún lugar entre Halle y Nordhausen, el 15 de diciembre de 2015)

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